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Este es mi año 10, desde que cambié mi carrera, y dejé la consultoría tecnológica para enfocarme en la búsqueda de directivos. A lo que me dedico.

Esta semana, en charla con un cliente que busca DG para una firma de moda, me comentaba que les ha costado diez años construir una marca solvente, con foco en lujo, en la coyuntura actual de “retail”.

Y pensé, que a mi también me ha costado una década, tener un entendimiento y un rol sanos o sólidos en lo mío, superando los difíciles años de crisis profunda. Mucha “resiliance”, vamos, perseverancia, esfuerzo. Escuchar de continuo al mercado. Sin filtros.

Está siendo una increíble experiencia de aprendizaje. Formidable, como diría TRUMP.

No tenía ni idea de cómo era este mundo –head hunting-. Mucho “glamour”, mucho desconocimiento por parte de la mayoría. Es un sector hiper atomizado. En España, las compañías tienen un equipo pequeño de consultores, que cubren los diversos sectores industriales o las funciones.

Suelo pensar que somos un API –agente de la propiedad intelectual– que mercadea con el talento, puro intermediario.

Curiosamente, en una función tan focalizada en personas, los profesionales podemos tornarnos en transaccionales. Podemos perder la sensibilidad, el interés por el candidato, el perfil, la relación. Hay un alto riesgo.

En un sector con alta dispersión de profesionalidad o de bagaje. Cualquier puede ser head hunter. Nadie te exige una experiencia específica, ni competencias especiales.

Si realmente te gusta el oficio, las numerosas conversaciones con profesionales de valor, te llevan a ser certero en la valoración de los mismos, en identificar personalidad, manías, más allá del conocimiento.

Cada vez más estoy convencida del valor que aportamos, con buen método e interés.

Me encanta la oportunidad de ilustración que me suponen esas frecuentes conversaciones, con profesionales de diferentes sectores y funciones. Esa transversalidad no tiene precio. Tengo conocimientos y contactos que jamás imaginé. Más someros, pero más amplios. Me divierto mucho.

La espinita que llevo clavada es el no poder atender, apoyar a más personas. Decir que “no”, siempre me ha costado, intento responder a la mayoría de mensajes en un tiempo decente, pero me focalizo en aportar valor.  A las personas que están en transición de carrera, les “tranquiliza” tener entrevistas, aunque en ocasiones, yo no puedo aportar más que cierto sentido común.

Hace poco, mi sobrina -preferida-, ha terminado su residencia como médico, De familia, su especialidad vocacional.

Además de ofrecerle una plaza fija en el Centro Asistencial, la que ha sido su mentora durante estos cuatro años, le escribió una nota, un “feedback” positivo precioso. Me emociono cada vez que lo leo.

La mentora le escribe -a mi sobrina- que es una persona comprensiva y paciente. Ha sido un placer verla superar el miedo a “ser doctor”, a hacerlo bien. Le enfatiza que debe asumir que puede hacerlo, y que es muy buena.

Le aconseja que no deje que nadie le rebaje su valor, la haga de menos, que sea siempre consciente de su valía. ¡¡Ay¡¡ qué mal tan común.

Dice reconocer a mi sobri como persona de sólidos valores, siempre pendiente de los que la rodean. Inteligente, sensible, intuitiva y respetuosa.

Está claro, que dicho “feedback” dice mucho bueno de la mentora. Lo que uno habla, cuenta de ti.

Yo le diría a mi sobri -en quien tanto me veo reflejada-, que lo más importante es no dudar de ti mismo, ya que esa confianza te permite crecer, hacía donde tu quieras.

Le diría -si me escuchara- que no se fustigue por los errores, que son parte de la vida y del aprendizaje. Que no intente llegar a todo, sino disfrutar del camino.

Hace unas semanas, le pregunté por sus planes, le insistí para que intentara moverse hacia la medicina privada, hacía algún aspecto que le permitiera mayor retribución que en la pública. Me miró de soslayo -cuando algo no le gusta- , y respondió que ella es feliz ayudando a los demás. El resto no le interesa. Y sé que lo sentía.

Me llegó al corazón. Pienso en ella cada día. Porque en su profesión, como en la mía, es fundamental que seas riguroso, que tengas capacidades técnicas, pero lo más importante es mantener el interés sincero por las personas. Que les mires a los ojos, les escuches unos minutos con mucha atención. Mantener esa sensibilidad a lo largo del tiempo, de los eventos, de los errores, es la clave del éxito. Y si no es así, debes dedicarte a otra cosa.

Ella tiene mucho tiempo por delante. A mí me queda algo menos, para seguir aprendiendo.

No dudo que en estos diez años he ofendido a personas, he cometido unos cuantos errores. Fue sin intención. Casi siempre.

Voy a por la siguiente década. Con energía, madurez e ilusión. Y sentido del humor.

 

 

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