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Hace unas semanas me quedé colgada de un artículo, de una idea. Leí a Eduardo Manchón, en EC, hablar del “talento atrofiado”.

El concepto es fácil. No es que en nuestro país tengamos una genética menos favorable al desarrollo que los europeos nórdicos, los americanos del norte o los coreanos del sur. La distribución de talento innato es la misma en cualquier región del mundo (aunque algunos se empeñen en pensar que su nación es diferente, más cualificada).

La evolución y desarrollo del talento se definen en dos etapas: el aprendizaje reglado -por ejemplo, la universidad-, la experiencia -el mundo laboral-.

La evolución de la Universidad en España en las dos últimas décadas ha sido en volumen, pero no en calidad. En los rankings globales de universidades públicas, la primera española aparece en la posición número 156.

Hemos elevado el número de titulaciones -cuesta entender qué estudian los chavales actualmente-. Tenemos universidades/facultades en la mayoría de las provincias, lo cual fomenta las oportunidades, pero dificulta el control de la calidad, la búsqueda de la excelencia.

A los profesores universitarios se les retribuye con escasez, lo cual les desmotiva, pero también dificulta que profesionales de valía permanezcan en la formación universitaria pública. Y no hay diversidad. Como dato, en 2019 en España teníamos 1,8% de profesores universitarios extranjeros. En UK tenían el 27% y en Suiza el 43%.

Como último punto, llevamos años comentando que nuestro sistema de aprendizaje está basado en la adquisición de conocimientos, y no en el desarrollo de idas. Ahí estamos casi todos de acuerdo.

No podemos ignorar la realidad, estamos muy lejos de la excelencia.

Se gradúan cada año más de 200.000 jóvenes. ¿alguien hace el seguimiento de qué grados o másteres permite a los recién licenciados conseguir un trabajo relacionado con la materia en que se ha formado? ¿y con qué nivel de retribución? Si no medimos, no mejoramos.

Pero, como dice Manchón en su artículo, realmente “la única manera de aprender a hacer algo brutalmente difícil es haciéndolo”. Aquí viene la segunda parte que incide en el desarrollo del talento, las experiencias a las cuáles tenemos acceso. Manchón hace referencia al sector tecnológico, el que más conoce, pero los conceptos son aplicables nuestro tejido empresarial en general, con algunas excepciones.

En España tenemos pocos “corporativos complejos”, ya que lo que fueron hace 20 años grandes compañías, o bien han sido absorbidas por multinacionales, o se han quedado estancadas en crecimiento.

Es difícil innovar sin recursos, no podemos ser quijotescos. Tenemos pocas empresas punteras, que inviertan en tecnología, en desarrollo, y que, por tanto, favorezcan el desarrollo de sus empleados.

Nuestras multinacionales, en general, salen a competir a mercados menos desarrollados -especialmente Latam- donde en muchos sectores están más atrasados. Ahí les aportamos valor a ellos, pero no estamos compitiendo en los mercados más avanzados.

Las compañías españolas que han conseguido posicionarse con solvencia en USA, en Asia o en Europa, si requieren de empleados focalizados en la excelencia, en la innovación. Pero son pocas, claras excepciones.

Somos un país también escasamente diverso en talento. Nuestros profesionales en los corporativos son en su mayoría españoles. En pocas compañías puede incorporarse alguien hablando inglés, lo cual limita la posibilidad de aprender de personas con experiencias distintas.

Y no reconocemos la situación, si no que seguimos ensalzando “nuestro talento patrio”, en base a pocas personas que han conseguido éxitos puntuales. Es como si pensar que por existir Rafa Nadal o Jon Rahm somos un país talentoso en tenis o en golf.

Entender dónde estamos es un primer paso para mejorar.

Siempre me ha parecido que escudarse en problemas estructurales es de cobardes. Considerando la situación, cada uno debe valorar dónde está y en qué compañías/geografías puede conseguir un mayor desarrollo. Obviamente, ello implicará mayor esfuerzo, profesional y personal. “No pain, No gain”.

En cierta medida, el teletrabajo permitirá una mayor diversidad en nuestras compañías, y dará acceso a nuestros profesionales a ofertas de trabajo internacionales. Ojo, que ahí competiremos con personas de bagaje global, de entornos más exigentes. No parece que a corto plazo sea la panacea, hasta Apple está volviendo a las oficinas físicas.

A veces pienso que si tuviera 20 años menos me iría a otro lugar. El mito de Silicon Valley, o lo que esté de moda. También pienso que alguien tiene que quedarse a luchar por mejorar nuestro país. En mi caso, desde la perspectiva del talento. No se consigue nada sin esfuerzo.

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