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Sincericidio y responsabilidad
Asisto a un desayuno, en que se debate la situación económica actual, las reformas a realizar, y el por qué el 2011 es un año clave para nuestra economía. Con el primer café, el excelente ponente empieza a contar los desequilibrios surgidos como fruto del ciclo expansivo del 96-07: alto nivel de endeudamiento, peso elevado de la construcción en nuestra economía, y falta de competitividad como país.
Con el croissant, hablamos de la recesión técnica del 2008, que nos conduce a máximos históricos de endeudamiento y de parados. Y de la crisis de los mercados de deuda europeos, la pasada primavera, que nos encauza a una necesidad imperativa de abordar reformas estructurales en nuestra economía.
En poco rato más se han sumado los desequilibrios de nuestro mercado financiero debido a la insana situación de las Cajas de Ahorro (la mayoría), y la sangría que supone el gasto de Administraciones.
De ahí, con nuestro ponente, vamos explorando las reformas a realizar, y discutimos sobre la prioridad de las mismas, y el requerimiento de conseguir pactos de estado para algunas de ellas, por el calado y trascendencia sobre nuestro futuro a medio plazo: sanidad, educación, justicia, defensa, energía…
Como el ambiente es distendido, algunos asistentes se pronuncian favorablemente en relación a la gestión del gobierno actual. Y se me atraganta el bollo. A pesar de mis esfuerzos por contar hasta diez (o más), para evitar expresar de forma apasionada mis percepciones al respecto, reconozco que soy una sincericida (de sincera y suicida).
Y ahí les cuento que, en la empresa privada, donde he desarrollado mi carrera, cuando un directivo no cumple con sus objetivos, de forma medible (indicadores), y repetitiva, inicialmente se le penaliza su “bonus” o retribución, y, si persiste en ello, se le despide. En cambio, algunos Gestores de Administraciones Públicas (gobierno), y algunos Directivos de Cajas de Ahorro, en los últimos años, han incumplido de manera estrepitosa sus objetivos, siendo causa importante de la situación que todos sufrimos, y, probablemente, “se irán de rositas” cobrando pensiones, complementos, bonus o indemnizaciones.
Para cuándo, pregunto, podremos pedir responsabilidad de dichas personas. La retribución variable de instituciones de distinto índole es una necesidad. Basada en unos indicadores claros, sencillos, medibles, relacionados de forma clara con el negocio.
En nuestra economía actual, no sirve la excusa de que los desequilibrios estructurales vienen de lejos. Cuando un ejecutivo de primer nivel asume un cargo, se le supone preparado para afrontar las situaciones que se pueden presentar. Y si no, deberá asumir las consecuencias. Me parece improcedente que nuestros gobernantes actuales, y muchos directivos de Cajas, van a ser relevados de sus funciones con el riñón cubierto. Algunos, de por vida. Con la que nos han dejado.
Tras mi comentario, claramente el desayuno se ha cortado, y nos hemos despedido con menos cordialidad. Me siento fatal, y me comprometo a mejorar mi sincericidio. Eso si, tengo que deciros que, al menos, yo sí soy muy responsable.

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