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Emociones intensas llevo sintiendo este mes de marzo. Carrusel, en el que no decidí montarme, me llegó.

Los primeros días, angustia y miedo. Como la mayoría, he tenido síntomas “suaves”. Si hubiera sido una gripe normal, no me hubiera preocupado. Cuando estás aislada, tienes fiebre y tos, y recibes información / desinformación, rumores de casos graves, ahí, el pánico te arrastra. Lo desconocido.

Dice J. Gomá, -entrevista en Cadena Ser, en 2018-, que la muerte es algo vulgar, porque la sufrimos al igual que todas las especies que habitan el plantea. El tener consciencia de la mortalidad, nos hace diferentes.

Cuando una persona se muere, te quedan docena y media de anécdotas, que atesoras con ternura. Esa realidad, te lleva a introducir en tu vida, en tu “cuadro”, luces, colores, para dejar una buena imagen a alguien, para convertirnos, en cierta medida, en referente.

Ahora, superado el miedo físico, he dejado de buscar por Google en cada hora el número de fallecidos, o de ver la última rueda de prensa. Es puro instinto de supervivencia. Me causa dolor.

Me siento rebelde. Me harta hasta el “buenismo” de los mensajes: “vamos a salir reforzados”, “juntos podemos”, “hay que sumar”, “aplaudimos a” … Oye, que van más de 7.000 personas que no van a superar esto. Que no se nos olvide.

En la rueda de prensa de esta mañana: “812 muertos, buen dato, 50 menos que ayer”. Casi muerdo al tipo que sale en la tele. Desde cuándo esta situación se puede considerar positiva.

Vamos a vivir una sociedad diferente, pero no nos van a cambiar los valores.  No va a ser así.

Vivimos en una sociedad tremendamente fracturada. El cerebro sesga la información que queremos oír.

Tradicionalmente, la izquierda ha hecho siempre uso de la manipulación de masas. Como ejemplo, muchos países de Latinoamérica.  Es verdad, que el mensaje, de “no quiero hacerme cargo de mi vida, no hace falta, porque papá-estado me salvará”, es mucho más sexy que el de “cada uno es responsable de su situación; o el sol sale cada día para todos”.

Es más fácil “comprar” el mensaje de que el Estado está en deuda conmigo; por lo que sea; porque tengo una úlcera, porque soy madre soltera o porque tengo un gato.

Yo creo que, como sociedad, tenemos que ocuparnos de los que no tienen posibilidades, pero eso debería estar lejos de generar ignorantes, que no aportan valor a los demás.

Llevamos años educando generaciones que no entienden de valores morales. No les transmitimos religión, ciudadanía, filosofía. Son víctimas del consumismo y del hedonismo. Se merecen todo, solo piensan en sí mismos, en su placer cortoplacista. Y ahí encaja muy bien el creer en un “papá estado”, la sociedad del bienestar.

Obviamente, es una generalización, pero no voy muy alejada de la realidad.

En esta coyuntura, en la que estamos en el TOP3 de los países con mayor mortalidad en cifras totales, no se puede rebatir que la crisis se ha gestionado mal. Bueno, seguro que alguno lo rebate.

Ha fallado la capacidad de previsión, hemos tenido unos gestores nefastos, y ha primado el sectarismo. No digo nada original.

La incapacidad de planificar o avanzar medidas, habrá tenido que ver con un gobierno recién constituido, con individuos que no se fían los unos de los otros.

En dicho gobierno, han tenido cabida -por no decir que lo copan- personas -que no profesionales- sin competencias técnicas ni experiencia alguna para un rol tan relevante.

Encima, Sanidad lleva décadas sin competencias centrales, por lo que el equipo del Gobierno de Sanidad, no tienen experiencia en casi nada. Y están gestionando la peor crisis que hemos vivido en años. Anda que…. Así se la cuelan los chinos.

Y ni el Gobierno ha tenido altura de miras para pensar en el conjunto, sino que sigue lanzando balones fuera, soflamas incendiarias, ni la oposición se ha ofrecido a un pacto de Estado.

Ni he oído a PS (presidente y narcisista) pedir PERDON a las familias, ni he oído a la oposición pedir su cabeza y asumir el rol. Será que les da miedo comerse este marrón.

Ojo al mensaje de la madre naturaleza. Nos ha mandado ahora una pandemia. Pero ya no estamos a tiempo de retroceder el cambio climático, sino que sólo vamos a poder gestionar los desastres naturales que nos van a ir llegando. Por Dios, espero que lo hagamos mejor que en esta crisis.

Para sobrevivir como sociedad, necesitamos otros valores. E incluso quizás otro modelo de gobierno. El estado del bienestar, en nuestra situación, no es sostenible.

Populismo es hacer creer a los trabajadores que la seguridad de su puesto de trabajo radica en que no pueden ser despedidos (tuit Marcos de Quinto, 30/03).

Saldremos de esta con graves dificultades económicas. Y el valor, lo crean las compañías. Y estamos en manos de un gobierno que cree que las empresas son el mal de la sociedad. Anda que no me gustaría mandar a unos cuantos, a Cuba, a ver qué tal se vive allí. O a Venezuela, y que salgan a tomar algo por la noche, a ver si sobreviven.

La solución pasa por el esfuerzo individual y colectivo. Sin pretextos. Las excusas solo las ponen los perdedores. Y el que no quiera esforzarse, que asuma que va a tener menos.

Además de la fractura social, de la pandemia, tenemos otro virus letal. El nacionalismo radical.

No he oído críticas en el bando independentista a Clara Ponsatí -huida de la justicia, sólo huyen los cobardes- sobre su tuit de “De Madrid al Cielo”. “Es una broma”, me dicen. Cada uno se retrata.

En cambio, se rasgan las vestiduras porque el Ejército español se despliegue por todo el país. A los radicales, lo español les genera repugnancia.

No sé cuál de los dos virus es peor. Uno genera la muerte, el otro genera racismo y exclusión.

Mi amiga Pili me dice que para qué escribo. Que es “bullshit”. No sirve de nada. En democracia, lo único que cuentan son los votos y el mensaje del esfuerzo siempre va a ser menos atractivo que el del “papá -estado me debe”.

Pili siempre tiene razón. Estuve valorando irme a Las Bahamas. Ya me visualizo ahí, al sol, todo el día en chanclas y shorts, comiendo fruta tropical y tomando mojitos. O lo que sea.

Pero quiero a mi país. Seguiremos luchando. Nos vemos pronto.

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