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Hace un par de meses, tuve la oportunidad de revisitar NYC. Nunca es como la primera vez, yo voy cambiando y la ciudad también, pero siempre me emociona.

Explorando en las librerías –que bien huelen- que sobreviven al mundo digital, me caí del guindo. En los últimos años, estoy viviendo en una obsolescencia funcional, me he dejado llevar por lo aprendido.

Hace unos años, nos invadían los libros sobre productividad en el trabajo. De hecho, en Amazon, dicha categoría tiene como unos 40.000 títulos. Y si buscáis en AppleStore, más de 3.000 APPS bajo dicha epígrafe.

Pero en la rápida y cambiante actualidad, ser productivo o eficiente ya no es suficiente. Se nos requiere que seamos creativos, que demos paso a la innovación. Hay compañías/ sistemas que siguen sobreviviendo de la pura réplica, de la imitación o copia; pero se ven obligados a malvivir con márgenes reducidos. El éxito está en quiénes son capaces de innovar, de forma repetitiva. Y muchos no sabemos cómo. Ahí me entró el pánico.

Nos hemos “criado” en la exigencia y la valoración de ser productivo. Yo no empiezo una jornada sin tener el Plan del día detallado, y no me voy tranquila si no he completado las tareas previstas, y si no tengo mi correo en un volumen discreto de mensajes por responder. Me hace feliz pensar que he resuelto “mucho”. Así voy, algo acelerada por la vida. Súper puntual, organizada. Es lo que me han enseñado durante años.

Antes, la innovación era un reducto de I+D o de Marketing. Ahora, necesitamos avanzar en el equilibrio entre “ejecutar con eficiencia” y ser “innovador” (“hustle and float”). Para mí, es como si me dicen que ahora tengo que andar para atrás, en vez de hacia adelante.

Me compro libros sobre creatividad, inspiración, a ver si se me pega algo. La otra opción es irme unos meses a Palo Alto –donde se cuece todo los nuevo-, pero no tengo presupuesto.

Es curioso. Siempre he tenido claro que la cultura de una empresa baja desde la Dirección. Es decir, la compañía se comporta según sus ejecutivos top. Son quiénes impregnan el “saber hacer” y determinan el rumbo la misma. Leo en HBR, que en la mayoría de las compañías, los ejecutivos top sienten que su responsabilidad es facilitar la innovación. Pero en las líderes en innovación, dichos directivos están involucrados personalmente en la creatividad.

Manos a la obra. La buena noticia es que, en cierta medida, la innovación también puede cultivarse. Solo hay que prestarle atención.

Me quedo con 5 habilidades a fomentar  en las que estoy trabajando (HBR dixit): “Asociación”; la capacidad de conectar preguntas, ideas o problemas distintos. Para ello, las empresas que quieren innovar facilitan el trabajo en equipo –cooperación- entre grupos variopintos: consumidores, empleados, tecnólogos, ejecutivos….  Un emprendedor decía que viene a ser como el efecto de los Medici en Florencia, donde reunieron a personas de distintas disciplinas: escultores, científicos, poetas… empujando una de las eras de mayor inventiva y creación.

No es fácil cooperar, cuando nos hemos dedicado décadas a competir.

Como decía hace 50 años Peter Drucker “the important and difficult job is never to find the right answers, is to find the right question”. La segunda habilidad es “cuestionarse” lo que se da por sentado. En vez de invertir en mejorar los procesos actuales, quizás conviene considerar algunas asunciones asentadas, y reflexionar sobre escenarios distintos. Leí el consejo de intentar cada día, un ratito, situaciones o asunciones que se den por sólidas en tu entorno. Para ir practicando. A mí esta habilidad me resulta más natural. Será por pura curiosidad intelectual.

Algunos emprendedores de éxito mencionan también la necesidad de “observar”; Prestarle atención a los consumidores de tu potencial negocio, a los detalles, a los comportamientos, a los detalles. Es complicado combinar el cierre del trimestre, la vorágine del día a día, con el tiempo y a tranquilidad de espíritu que requiere la observación. Pero nunca un buen cocido salió del microondas,  o de unas prisas. Aquí lo tengo más difícil: creo que sólo puedo observar en los aviones. El resto del tiempo, o estoy en alguna tarea, o inmersa en mi gadget-móvil, leyendo o comunicando.

A la cuarta habilidad la llamaría “oda al fracaso”, experimentar. Hemos oído cientos de veces que en nuestra cultura, al que fracasa se le hunde, a los pies de los caballos. El error es parte relevante del aprendizaje. El que nunca intenta nada no se equivoca, y bien dice un refrán castizo “quien tiene boca se equivoca”. Decía Edison “I haven’t failed. I’ve simply found 10,000 ways that do not work”.

Hay que tener confianza en uno mismo para perseverar. No dejar que la opinión de los demás –desconocidos en gran medida- afecte tus planes, erosione tu valor.

Y la última habilidad, mi favorita, es el “networking”. Ojo, no se trata del concepto tan extendido, de las relaciones para conseguir clientes, reputación en el mercado, mejoras de tu carrera profesional, el “dejarse ver”.

Hablamos de relacionarnos con personas distintas, con ideas, situaciones, opiniones que distan de nuestra realidad. Aprender temas que nunca estuvieron en nuestra mente, viajar, aprender. Abrirse.

Al final se resumen en cierta imaginación, intuición, entusiasmo, curiosidad, confianza y perseverancia. Menuda mezcla de cualidades.

Hoy, voy a dejar los correos por responder, y saldré al Parque –el Retiro, que no es Central Park pero también me vale- a mezclarme con quiénes pasean por allí en esta mañana de sol. Quizás, observando los tonos rojos y amarillentos de las hojas que desbordan el césped, los corredores siempre en fila, los abuelos disgregados con las manos a la espalda, soy capaz de pensar algo.

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