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 En estos días vemos en los medios la llegada del Año Nuevo Chino, el año del Conejo, y cientos de chinos residentes en España lo celebran con una mezcla de tradiciones, no sé bien si más cercanas a su país de origen o a Occidente, donde el destino les trajo. Llama la atención el éxito que están teniendo en adaptarse y sobrevivir, a pesar de un entorno económico difícil, y una cultura y forma de vida lejanas a las suyas propias.

El crecimiento y modernización de China en los últimos años es imparable y abrumador. Ni la crisis global puede con ello. Algo tendremos que aprender. Las casualidades no suelen existir. A pesar de un régimen no democrático, una cultura patriarcal en que la mujer tiene todavía un rol dependiente, y una sociedad donde las relaciones y la confianza están por encima de la ley, están desbancando a Occidente como director del mapa imperialista de turno. El debate sobre qué hacen distinto y les funciona es un tema de interés.

El desarrollo por siglos de un imperio aislado, donde el Confucionismo, Budismo y Taoísmo han jugado un papel determinante en su evolución, ha generado una cultura con valores que impregnan actualmente la sociedad y a sus habitantes.

La China actual rezuma energía, ambición. Tanto en las inversiones en infraestructuras que se acometen, que invaden las principales ciudades chinas, como en la implantación de estrategias de negocio, que se apoderan de un sector –textil, automóvil- y lo reinventan hasta dominarlo. El famoso “can do” de los americanos, o el “we can”, se materializa en realidad en dicho país. En los chinos que tenemos a nuestro alrededor, se traduce en la ambición de progresar, empezando en un restaurante, para abrir un TodoACien y crecer en un local de restauración español, por ejemplo. No poner sueño a los límites, es fundamental para progresar.

El pueblo chino ha entendido que la educación es fundamental. Los esfuerzos de inversión en ello son diferenciales. El ratio de alfabetismo supera ya en China el 90%, mientras que en US es del 86%. Obviamente, la base es el esfuerzo de todos, incluidos niños, estudiantes, familias. Un informe de 2006 de Asia Society reportaba que los estudiantes de China trabajaban el doble de horas de “deberes” que los del mismo nivel en US. El gobierno requiere, por ejemplo, que los profesores de Ciencias y Matemáticas de primaria sean licenciados; Asimismo, tienen programas de “mentoring” para supervisar y desarrollar a los profesores más jóvenes, para asegurar la calidad.

Un aspecto cultural que diferencia China de Occidente es el respeto a los mayores. Es inconcebible, a día de hoy, que una familia no se ocupe de los mismos. Más allá del coste que supone y supondrá en la sociedad occidental el cuidado de los mayores, la integración de los mismos en la familia asegura la transmisión de valores entre generaciones, sentido de pertenencia y de continuidad.

Lo que se percibe en la comunidad china en España, y que en su país es un ratio dispar respecto a Occidente es el ahorro. El ratio de ahorro familiar en China supera el 20%, bastante mayor que el Occidental, en un dígito. La cultura asiática de prudencia en temas financieros, a nivel personal y público, ha minimizado el impacto de la crisis actual, y permite a los gobiernos transformar el ahorro en productividad, innovación y creación de puestos de trabajo. Distante de la situación en España. Lo percibimos aquí con sorpresa cuando los nuevos “empresarios” chinos en España compran locales con dinero contante y sonante.

Los chinos invierten con su esfuerzo diario, pensando que lo que trabajan hoy, se convertirá en recompensa para todos mañana; para la familia, para la sociedad. No se trata de una cultura cortoplacista, sino enfocada al bienestar a medio plazo, en el futuro. Así se entiende el sacrificio de los obreros que sobreviven hacinados en las factorías, donde trabajan, comen escasamente y duermen en casi un mismo ambiente. Con la ilusión de prosperar, y pasar a formar parte de esa clase media emergente, que empieza a consumir con cierta fruición.

Salvando todas las distancias, entendiendo la falta de libertades, la corrupción, los contrastes entre la clase dirigente y los obreros, tenemos aspectos a aprender de China. Un país al que ciertamente denostamos por su falta de democracia al uso occidental; Aquí, en cambio, sufrimos de minorías políticas que tienen secuestrado al gobierno de turno, de grupos mediáticos, o sindicatos que no votamos o el marketing, deciden nuestra agenda, nuestro futuro.

Bienvenido el año del conejo.

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