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Lucas,
te quiero adoptar
Dani, al que he visto nacer,
ha cumplido hoy 18 años. Ya puede conducir, votar, hacerse un tatuaje, ir al
bingo, beber, casarse….e ir a la cárcel. Cuántas opciones, tantas páginas en
blanco por escribir.
Su madre lleva tiempo
bregando con su educación, empeñada en que mejore las notas para entrar en una
Universidad de prestigio –qué será eso- y empezar la trayectoria estándar. Aunque
educar no tiene una relación directa con las matemáticas o la física, sino con conseguir
que se desarrolle como un adulto libre y responsable. Que sea capaz de
equilibrar razonamiento y pasión. Más retos Dani.
Le escribo un mensaje breve
pero cariñoso, mientras atiendo una sesión-conferencia sobre el talento –manida
palabra- que empieza con una narración historiada sobre Mandela, que ya se nos
fue.
Nos hablan de la diferencial
–casi animal- capacidad de Mandela de percibir, oler, entender, los miedos, las
inquietudes de los demás, y mitigarlos; el cómo conseguía dibujar una visión de
un futuro conjunto, y compartirla con personajes de la más distinta ideología.
En público, ante centenares de miles de personas, y en la intimidad de la
negociación política –“one to one”-.
Será que son necesarios
muchos años -24 de reclusión real-, para invitar reiteradamente a una tarde de
te –“tea”- a  uno de sus oponentes más
críticos y extremistas de los “afrikaners”, y alabarle lo suficiente con
convicción y naturalidad, para remover las barreras mientras el azúcar se
disolvía en la taza.
Será que le dio tiempo a leer
mucho. “Leer y escribir tienen un efecto mágico y terapéutico” (Carmen Amoraga,
discurso del Premio Nadal 2014). Me quedé enganchada a la frase.
Y Mandela se nos fue. Se me
apretuja el corazón cuando pienso “¿y quién nos queda?”; nos hace falta algún
líder global o incluso local. Será que el acelere de nuestro mundo  no nos permite el tiempo y la distancia
suficientes. El buen vino requiere barrica y años.
A falta de líderes
visionarios, habrá que valorar los “héroes anónimos”, los que nos dan lecciones
en lo cotidiano. En el evento, mientras sonrío leyendo la respuesta de Dani,
tan feliz e inocente, nos presentan –por Skype- a Lucas Vidal. Un chaval de 29
años, el autor más joven de bandas sonoras en Hollywood. Compositor de éxito
que ha puesto ya música a una docena de películas, de las de Hollywood, algunas
taquillazos.
Alucino con él. Desde Los
Ángeles, a las 3AM en su banda horaria, nos cuenta que, mientras superaba un
trance de salud con 20 años, decidía que ese obstáculo era una señal. “Y cuando
remonte, me voy a ir dónde sea, y voy a conseguirlo”. Y cogió sus bártulos, su
música, y anduvo llamando puertas por NYC y por LA, la meca del cine, para
conseguir la oportunidad que sentía merecer.
No habla de talento innato,
aunque le desborda. Charla de esfuerzo y sacrificio, palabras clave. Siento que
uno siempre puede conseguir sus sueños. Sólo hace falta atreverse, y luchar por
ellos con convicción, claridad y creatividad. Se trata de decidir qué quieres
hacer tú con esta oportunidad, la única. ¿Y tú, qué sueñas?
Nos muestra videos de cómo
trabaja con gente que le dobla en ocasiones la edad, y le respetan. Sabe
equilibrar profesionalidad y cercanía. “Soy majete”, se ríe. Discute con el
director y productor de la película las sensaciones a transmitir en cada
segundo de grabación. Y compone. La misma magia que escribir o leer. Perdón, mucho
más, infinito.
Su música emana emoción. Su
naturalidad y energía se contagian a través de la pantalla.
Lucas, te adopto y te llevo a
casa, para ver cómo te mesas el flequillo. Como una poción de juventud e
ilusión.
Se nos fue Mandela, pero
tengo confianza. Dani está soplando las velas de su tarta casera; tanto por
vivir.

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15/03/2013
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