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Resulta curioso que una de las organizaciones con mayor número de “stakeholders” del mundo –La Iglesia Católica- escoja como Líder a un energético argentino jesuita de 76 años. ¿es mayor o es joven para la posición? Debe estar en la media de edad de los sucesivos Papas, y a la Iglesia, no le ha ido nada mal…probablemente es la organización más antigua de nuestra civilización actual. A ver si aprendemos algo.En nuestro país, por encima de los 70 años sobreviven en su función escasamente algunos presidentes demultinacionales o empresas familiares quiénes funden la empresa, los negocios y su vida, y tienen la suerte de que no hay nadie en su organización que les pueda echar.

Vivimos la disyuntiva de estar alargando, por decreto ley, la vida laboral hasta los 67 o más allá, mientras toda empresa que puede se desprende de los “talluditos” que han cumplido los 50 años.

Asumo mi parte de culpa y me flagelo, pues yo también les pido a los candidatos de un proceso que no cuenten su edad en el encabezamiento de sus credenciales, que retrasen el momento de contarlo –cuál trágico pecado- hasta haber conseguido interesar lo suficienteal empleador. Como si  fueran Sherezada encantando al Sultán.

Quizás debemos plantearnos de dónde surge este mito actual de la juventud. Todo lo nuevo es atractivo, adorable, deseable. Nadie ridiculiza los contorneos y grititos de Justin Bieber, un imberbe adolescente que mueve masas, pero todos nos reímos de las imágenes de los abuelos en Benidorm bailando al sol de Los Pajaritos. ¿Por qué Justin es mejor que María Jesús la del Acordeón?

Consumimos fast-food, nos adornamos con fast-fashion, practicamos fast-sex, cambiamos de pareja y valoramos la juventud como un triunfo, como un valor. Divino Tesoro. En los Telenoticias de los distintos canales, es difícil encontrar presentadoras que pasen de los 35 años. Hombres sí hay, dirigiendo el timón en la mayoría de ocasiones. Y las copresentadoras suelen ser jóvenes veinteañeras. Indicio de que la exigencia de juventud es mayor en la mujer que en el hombre. Quizás todo tiene que ver con la asunción de estas generaciones de la satisfacción inmediata, el placer, como máximo sentido de la vida.

Los mayores de 50 años, profesionales con amplia experiencia en su sector e industria, suelen haber desarrollado en profundidad sus capacidades técnicas; han aprendido la necesidad de comprometerse con un proyecto para hacerlo mejorar y para aprender uno mismo; tienen “necesidad” de contribuir en una empresa, puesto que la mayoría tienen todavía hijos adolescentes, a quienes mantener y dar ejemplo; han desarrollado el “empowerment”, se hacen cargo de las situaciones y decisiones.

Hay quién cree que tienen menos energía, interés, o que son menos dúctiles que un profesional con 10 o 15 años menos. Desde mi experiencia, la energía, el interés, no tienen edad, sino personalidad. Hay personas de 30 años que no tienen energía, y el Papa Francisco parece que va sobrado de ella. Será el mate.

Por parte de los empleadores, debemos concienciarnos en valorar y aceptar profesionales de edad. Debemos promover otros tipos de relación profesional, que contemple las colaboraciones puntuales de expertos, los “supertemps” (super temporales), que facilita la incorporación al mercado de personas con mucha experiencia y que quizás tienen dificultades en encontrar posiciones de su nivel en un mercado en recesión como es el nuestro. Apostar por la diversidad no es solo facilitar oportunidades a mujeres, discapacitados, … sino también considerar a los de más edad.

Los profesionales talluditos, -con mi cariño- tienen que insistir en su valor y diferenciación. Y como dice el Papa Francisco, rezar mucho, a él le funcionó.

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