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“Llueve y cuento las gotas de los días vividos”. (FJ Irazoki)

Dentro de poco se repite mi cumpleaños. No tengo muy claro qué celebramos. Es un contador del tiempo transcurrido desde mi primer berreo.

Quedan lejos la bicicleta en los campos del eterno verano de la infancia. Distantes incluso esas risas de jóvenes, que se creen amigos o amores de por vida. Todo cambia, y siempre es para bien, estoy convencida.

Cuando miro atrás, no siento nostalgia, -no me permito-, aunque sí una infinita curiosidad. Me encantaría poder verme en el tiempo pasado. Algunos miedos, muchas ilusiones, confianza infinita en el esfuerzo.

Con todo esto en mente, hace unos días tenía una entrevista con una candidata, buen rendimiento profesional, más o menos de mi edad. Hacía tiempo que no nos veíamos, y me costó reconocerla. Se había inyectado labios y mejillas, en cantidad. Una caricatura de lo que fue.

Me dio una pena enorme. Qué dice eso de ti. Cuenta de tu inseguridad, o de falta de madurez. Y no son buenas señales para el mercado profesional.

El “ageism” o edismo, es una realidad. No sólo en el ambiente laboral, sino en la vida en general. En esta sociedad, ser joven es obligatorio. Los anuncios de cualquier objeto, alarmas, fragancias, coches, siempre los protagonizan gente joven. Anda que los treintañeros actuales tienen capacidad para comprarse un chalet en el que poner alarma. Bueno, excepto si te dedicas a la política.

Solo tenemos referentes de personas que se mantienen con éxito más allá de los 50 y 60 años en sus posiciones en el mundo económico. La élite de los negocios es la única que no penaliza la edad. Pero en el resto de los roles ejecutivos, sí se penaliza. Muchos me preguntan por ello. Siempre respondo, ¿cuántos profesionales de más de 50 años han contratado en tu compañía en los pasados 12 meses?

En política, nos meten de clavo ministros que no llegan a los 35 años, y que no tienen experiencia que les avale. En los medios, triunfan las celebrities veinteañeras. Influencers, se denominan. Es un marketing diseminado, agresivo, se convierten en “rol model”.

Es difícil asumir la edad. Disminuyen las oportunidades laborales, disminuye tu potencial atractivo físico o sexual.

Hay que aprender a vivir la realidad. Tenemos la edad que marca el calendario, y la experiencia que nos hemos ganado, y hay que sentirse orgulloso de lo vivido. Éxitos y aprendizajes.

Uno sabe lo que vale por los que te quieren.

Dentro de ello, uno debe estar lo mejor posible, en el plano físico, mental y emocional.

El mental, implica seguir al día, actualizarse, adaptarse al momento actual. Os diré que conozco tipos que no tienen wassup, que están peleados con la tecnología. Es un esfuerzo, pero es necesario.

El emocional, requiere tener el control de nuestra vida, con serenidad. Hay quién huye del matrimonio buscando aventuras que le hacen sentir joven. Los cambios de rumbo no nos harán ser distintos. La harmonía es el objetivo. Eso se consigue a base de reflexión, de asumir todo lo que has hecho, y de quererte mucho a ti mismo.

En cuanto a lo físico, hay quien de golpe se dedica al triatlón. Y hay quién se inyecta Botox hasta en el ombligo. Un punto de equilibrio. Sin obsesiones.

Como mujer, me siento en una continua esquizofrenia. Por un lado, siempre he querido que me reconozcan como profesional, por mi contenido y capacidad. Ser uno más en el grupo, en la compañía. Pero no puedo dejar de sentir, de expresar y de vivir mi femineidad. Y eso incluye que me apetece tener una buena apariencia física, sentirme atractiva. Y eso no me quita seriedad, ni valor.

Cuando me promocionaron a socio en una consultora re-tradicional, mi mentor me aconsejó limitar los escotes. Hoy en día, eso sería un micro-machismo.

Vivimos ese desequilibrio social entre los mensajes feministas e incluso feminoides actuales, y el querer posar en Instagram luciendo bien.

Debe ser compatible. Una puede ser una enamorada de los bolsos, y excelente profesional. O puede ser madre, y ejecutiva de éxito.

Creo que el mejor consejo que me dio mi madre -años ha-, es el de ser independiente económicamente. Es la base para construir tu futuro, como tu quieras, en cualquier momento de tu vida. Y eso es esfuerzo.

Mi decisión es ser un referente. Mantenerme actualizada, para aportar un valor diferencial. Hasta que el mercado me eche.

Dar voces al valor de la diversidad, al respeto a la experiencia. Ser visible en la sociedad.

Me ha llevado un rato conseguirlo. Esa harmonía. Ser capaz de mirar atrás sin esa nostalgia. De no echar de menos lo que no conseguí. De no vivir contando “lo que fui”. De estar “ubicada” en mi realidad, y apreciarla. Mucho.

Las gotas de la lluvia las percibo cálidas. Siempre llueve en primavera, cuando cumplo años, cuando florecen los almendros.

Con el paso de las estaciones, integro el camino en mi cuerpo.

FJ. Irazoki (El contador de gotas).

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