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Esto va de tomar decisiones. Lo que nos cuesta.

Desde este verano, tengo una nueva sobrina. No ha llegado a la familia por nacimiento, sino por casamiento -matrimonio-. O sea, ya tiene una cierta madurez.

Ha sido uno de los eventos más felices que recuerdo en nuestro clan. Es curioso. A lo largo de los años, acontecen hechos variados: trabajos, estudios, viajes, pero nada impacta tanto como una boda. Menudo hito.

Como en la familia somos muy emotivos, yo empecé a llorar de buena mañana, anticipando sentimientos. Para contenerme, intento poner perspectiva a lo que voy viviendo, tomo distancia, procuro bromear al respecto.

En la ceremonia, la novia contó que, durante meses, llevó consigo una nota, -una carta-, preparada para responder en el momento en que mi querido Pau -mi sobrino-, le propusiera matrimonio. Eso se llama anticipación. Ella justifica que no quería olvidarse nada.

En un par de oportunidades creyó que había llegado la esperada ocasión de sacar la carta, pero no fue hasta en un corto viaje a Paris, donde él le propuso.

Ya se sabe, no todos tardamos lo mismo en decidir.

Cuando medio entre candidatos y clientes -compañías-, observo y participo de variedad de procesos de decisión. Hay personas que requieren mucha información, datos, para justificarse. Consultan resultados económicos, buscan referencias externas e internas, predicciones sobre la potencial evolución de un sector, consultan Glassdoor. Otros se dejan llevar más por las percepciones.

No existe una receta ideal para tomar una decisión. Cada uno necesita cantidad y variedad de información, y contrastarlo con tu base de experiencias. Es imposible no asumir un riesgo. Cualquier cambio, implica exponerse.

Conocerse a uno mismo, ser realista respecto a tus cualidades, es vital para calibrar los aspectos de valoración de la decisión.

Para unos es más relevante la oferta económica, el proyecto, el potencial crecimiento o el ambiente y la cultura. Cada oportunidad, es “atractiva” o no, en función de los ojos que la contemplan.

Volviendo a la boda, fue especialmente sensible, conmovedor, la expresión de los votos que hicieron ambos. Transmitieron sinceridad, mucha ternura, ilusión. En cantidades.

Coincidieron en que cada uno se siente mejor persona gracias al otro.

Es una ligereza pensar que sólo hay una persona en el mundo que te hace sentir así. Hay muchas. Hay quién te suma y quién te resta. Es mentalmente sano evitar a los segundos y arroparse con los primeros. Tan simple.

En las decisiones relevantes, como asumir un nuevo reto profesional, es mejor estar con quién te suma. La pareja es fundamental. Puede ser un apoyo en razonar, entenderte, ser generoso respecto a tus deseos, asumir que quieres arriesgar, darte alas.

Hay quién se siente coartado por los miedos o limitaciones de la pareja. O quién lo pone como excusa, y en realidad, son sus propias incertidumbres.

Los novios -Pau y Ariadna-, expresaron estar convencidos de haber encontrado su alma gemela. Seguro que sí. Porque desean que así sea. Yo pensé… el alma gemela, ¿nace o se desarrolla?.

En la obra de Platón, El Banquete, El Simposio, es Aristófanes quién cuenta que, al principio, los humanos eran andróginos. Tenían dos cabezas, cuatro manos, cuatro pies, dos conjuntos de órganos sexuales. Eran rápidos y poderosos. Tanto, que enervaban a los dioses.

Queriendo debilitarles, Zeus resolvió cortar cada uno de ellos en dos partes. Aristófanes dice que, una vez separados, “cada uno anhelaba su otra mitad”. A partir de ahí, surge el mito del amor romántico, la búsqueda de tu mitad. Intentamos ser dos, para sanar la herida que Zeus nos infringió.

Los cuentos tienen su punto.

Me quedé muy tranquila cuando escuché los votos de Ariadna -la novia-. Además de expresar las cualidades de su compañero, le pidió “seguir sin estar seguros de nada, viviendo intensamente”.

Ahí me ganó del todo. No dar nada por sentado, cuestionarse, sin miedo a cambiar. Que buen inicio para un largo camino. Cuando uno se acomoda…

Vivimos la ceremonia más bonita del mundo. No podía haber sido mejor. La tarta era de chocolate y puede repetir.

Es difícil tomar decisiones relevantes. Es imposible predecir los eventos que nos van a suceder, cómo vamos a asumirlos, como impactan a los que nos acompañan.

Cualquier éxito, o una historia de amor, parten del conocerse y quererse a uno mismo. A partir de ahí, encontrar tu alma gemela que te acompañe, es una suerte, y un esfuerzo. Hay que arriesgar, y muchas veces se gana.

El día terminó con mucho alcohol, acelerador de la felicidad y el afecto. Ahora empieza el camino, a remar.

 

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18/07/2018
Empaqueto los pareos, bañador, bikinis con destino la playa. Que bien suena. Visualizo esos paseos por la orilla del mar, melena al viento, luciendo